sábado, 18 de octubre de 2008

Cuca

Catey (Aratinga euops). Imagen de Wikipedia

El periquito amiguito del gatico me ha hecho recordar a este querido personaje de mi infancia, mi primera mascota, que en realidad no era mía, sino de mi abuela paterna, que a su vez la había heredado de una hermana suya que inteligentemente puso pies en polvorosa junto al resto de la familia - excepto mi padre y mi abuela -al inicio de la debacle. Aunque todos hablábamos de la cotorra, mi abuela siempre me aclaraba que en realidad era un Catey.

Cuca tenía malas pulgas, y a picotazo limpio desalentaba mis intentos de acariciarle el piojito, algo que sólo permitía a mi papá. Seguramente y con razón temía por sus plumas ante mi inocente devoción que podía resultarle fatal. Ya sería una "temba" cuando yo nací, puesto que murió anciana (con 25 años) cuando yo cumplí mi primera década.

Cuca hablaba, pero no demasiado. Se sabía unas cuantas frases que usaba magistralmente, pero no había manera de enseñarle nada nuevo, al parecer a determinada edad ya no aprenden más. Al amanecer empezaba el día con una pregunta invariable e insistente: "¿Quien me quiere a mi? ¿Quien me quiere a mi?". Yo me levantaba corriendo y abría la puerta del balcón y me plantaba delante de su jaula diciendole amorosa: "yo te quiero, Cuca". Pero ella me miraba de reojo y repetía la pregunta hasta que mi abuela se levantaba y le decía: "María te quiere, Cuca." No valía que otro le dijera la misma frase, solo se callaba cuando la decía mi abuelita. Cuando olía la primera colaba del día empezaba: "Caféee, Caféee.." hasta que le ponían su migita de pan empapada en su cafecito, y entonces tras un par de mordiscos bien saboreados expresaba su júbilo: "que rrricoo!".

Cuando se molestaba - cosa que ocurría a menudo, dado su mal caracter - gritaba a voz en cuello: "¡cotorra fea, cotorra fea!" (la pobre no sabía que se insultaba ella misma). Sabía decir el nombre de mi abuela y el de mi papá, el mío no se lo aprendió jamás, solo decía "rrr". Sin embargo, todos los días llamaba: "Marta, Fofina" (sus anteriores dueñas).

Muchos años después supe que nuestra Cuca pertenecía a una especie en peligro de extinción, así que cuando en una ocasión por mi trabajo como intérprete estuve en Topes de Collantes y me quisieron regalar uno dije que no, que mejor estaba en el monte libre. Cuca tenía la punta de las alas cortadas, como se suele hacer con este tipo de aves, por eso a veces andaba por la casa dando saltitos y no escapaba. Para dormir tenía un trapito enganchado a los barrotes dentro de su jaula, y era muy cómico verla como hacía un huequito con el pico y luego ponía el ojo en él para espiarnos. Suerte que no hablaba más, si no tal vez nos hubiera metido en problemas.
Seguiré hablando de vez en cuando de mascotas, de las que tuve y de las que me quedé con las ganas de tener, y de las que espero tendré algún día cuando las cosas mejoren y esté segura de poder quedarme en algún lugar. Mientras el recuerdo de esos pequeños que fueron también miembros de mi familia alegrará mis días y espero que también los de mis amigos visitantes.

11 comentarios:

Yo soy Medea dijo...

que historia tan simpatica!, me hubiera gustado tener una cotorra, pero tuve que conformarme con la de los vecinos que por cierto se sabia los nombres de todos los que viviamos alrededor, es que claro en Cuba todo se resuelve a grito pelao. Pero nunca se sabe si la cotorra va a salir buena o amargada o picky como se dice por aca.

Diliviru dijo...

Bonita la Cuca. Recorde mi unico contacto con una cotorrita, era de la tia de una amiga , le llemaban Cleo, pero no sabiamos si era hembra o machito, pero como gritaba la Cleo, se oian sus gritos a casi dos cuadras de la casa de mi amiga. Son simpaticos. Me encanta la parte de tu historia donde cuentas que se tomaba su pancito con cafe, que linda!!!!

Gracias Rosita por estos momentos

Yoana dijo...

Pues si Mede, esta era un poco amargada, pobrecita ella también fue "victima", teniendo que acostumbrarse a nuevos dueños, aunque la tratábamos a cuerpo de rey.

Dianita, nosotros tampoco sabíamos si era hembra o macho, y la pobrecita (o pobrecito) vivió una vida de celibato obligado. ¿Sería por eso que era tan revencúa?

Besitos para las dos. Nos vemos por blogolandia!

MARISELA dijo...

Yoana: yo tengo una cotorra de cabeza azul,oriunda de Argentina y tampoco su sexo.Cuando estás un rato mirándola,se te hace simpático el movimiento dentro de su jaula,pero la verdad es que tiene un mal genio que ni te cuento.Es agresiva y da muchos picotazos.Cuando le pregunté a una amiga que cria aves de todo tipo me comentó que, generalmente son pájaros que sólo se casan con uno de los dueños. Y la verdad es que mi loro,que se llama Lolo sólo se deja tocar por mi esposo.Bueno, con decirte que a veces le digo: si tuvieras más carne me servirías de sopa. Yo siempre viví queriendo un loro o cotorra, pero a veces no es fácil.Tengo una perra preciosa,pero ya tiene 10años y es un Dogo alemán,por lo que ya tiene dificultades para andar.No obstante es la mejor compañía que se puede tener. Me gusta mucho tu blog y espero que sigas escribiendo cosas bonitas Cuba y su gente.

Sofifaruk dijo...

Me encantan estos animales (ya no hablar al igual que la de todos los animales en general), yo nací en medio de los animales y siempre he sido creado con ellos, hoy en día todavía tiene muchos!:)
Tengo una historia muy graciosa con una Caturra(en Portugal digamos una Caturra por las aves con una cresta en la cabeza), un dia voy a contar en mi blog ... y también con las tortugas, tengo que contar.
Rosa , vai continuando con sus historias muy lindas, hay episodios en nuestra vida con animales, muy interesante que contar!

Yoana dijo...

Sofía, tu blog sobre animales es precisamente el que me ha inspirado para hablar de ellos. A mi también me gustan mucho, aunque por circunstancias ahora mismo no puedo tener ninguno, y en general en toda mi vida se me ha dificultado tenerlos - mi madrecita no quería mascotas en casa, así que los pocos que pude disfrutar los tuve en casa de mi padre (estaban divorciados). Pero ya con mi hija nacida tuve algunos, aunque comprendí entonces a mi mamá, porque hay que tener tiempo y recursos para ellos. Un abrazo.

Yoana dijo...

Marisela, bienvenida! He estado casi una hora leyendo tu precioso blog que me ha conmovido mucho. Ahora mismo te voy a poner un link aquí - como te comenté ya por tu casita - para no perderte ni pie ni pisada, jeje. Me alegra muchísimo que también te guste mi blog. Espero que nos veamos a menudo por blogolandia, amiga. Un abrazo fuerte para tí desde Oviedo,

Rosa

Aguaya Berlín dijo...

Las mascotas son miembros también de las familias. En mi casa (la de mis padres, en Cuba) hay una jicotea y dos perritas (una Sata y una Salchicha) y pobrecitas, ellas comen a veces mejor que mi mamá: mami se quita los pedacitos de la poca proteína que pueda conseguir para dárselos a ellas.

Las cotorras siempre me gustaron pero nunca tuve una sino mi tía. Esa decía hasta malas palabras...

Yoana dijo...

Hola Agu! Bueno, mi abuela prohibía a mi padre decir malas palabras cerca de la cotorra, para que no se las aprendiera, y supongo que sus antiguas dueñas harían lo mismo. Tampoco era ella muy lista, ya te digo, no era precisamente una cotorra, sino un catey, y parece que esa especie no es tan parlanchina como las otras. De perritas ya hablaré, aunque eran de una tía. Besitos

Teresa Dovalpage dijo...

¡Qué preciosura! Al lado de mi casa había una cotorra, catey o lo que fuese, pero ninguna de las palabras que decía pueden reproducirse en un blog decente y bien hablado como éste. La menos mala era cochinón, sí, terminado en ón, pa darle más énfasis. Bueno, o a lo mejor era otra cosa peor...

Betty dijo...

también teníamos una Cuca en nuestro patio de Estrella en Centro Habana;-))...y también decía "qué rrrrico, cuqui..que rrrrico!".. qué casualidad, digo yo;-) sal2

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