domingo, 14 de diciembre de 2008

Juan Adolfo Fernández Saínz

Juan Adolfo Fernández Saínz - tomado de www.payolibre.com


Conocí a Juan Adolfo cuando ambos trabajábamos en el ESTI, siglas de Equipo de Servicio de Traductores e Intérpretes, organismo que se ocupa de suministrar los intérpretes y traductores para los muchos eventos internacionales que se celebran en Cuba (que para eso siempre hay dinero y recursos) y para atender delegaciones invitadas por el gobierno, a quienes por supuesto se les muestra siempre una cara de lujo y bienestar, inaccesible para el cubano de a pie.

Lo de que lo conocí es un decir, porque era un centro muy grande en el que no permanecíamos físicamente y no nos encontrábamos a menudo. Yo había entrado en el 85, recién graduada de la Universidad y por pura carambola (en mi año todavía el escalafón era por la puntuación académica, creo que fue el último). Pero él estuvo años trabajando en el exterior, primero en "misiones internacionalistas" y luego en Naciones Unidas y la Unesco. De modo que vinimos a tropezarnos ya en los 90. El primer recuerdo nítido que tengo de él es ya del año 92, cuando poco antes de irme de ese centro conversamos un día a propósito de un problema que yo había tenido. Me habían dicho que acudiera a él, que era muy buena persona y tenía un cargo que no recuerdo, pero sólo me dijo: - Rosa, no sabes cuanto lo siento, pero yo nada puedo hacer, ¡yo también estoy en candela! Me resultó muy frustrante su respuesta, pensé que era una simple excusa para no implicarse.


Poco después supe que había sido expulsado por tener amistades disidentes. Entonces comprendí que su respuesta había sido sincera, que sus problemas eran más serios que los míos. Luego tuve la suerte de poder irme de aquella olla de grillos, donde sin embargo había pasado muy buenos momentos y conocido muchos de los más bellos lugares de la isla, vedados a los nacionales.

Un par de años más tarde – sería ya el 94, pero antes de los sucesos de agosto - iba yo un día caminando con mi madre por la calle Belascoaín cuando de repente veo una cara conocida, aunque la figura que la sostenía parecía la sombra de lo que había sido. Costaba reconocer en ese ser delgado, envejecido y encorvado, con jabita de tela al brazo - como acostumbran a ir allí los mayores ya jubilados - al que yo había conocido poco antes con un envidiable aspecto rozagante y vital. Nos acercamos a él y yo lo interpelé: - Juan Adolfo, ¿te acuerdas de mi?; me miró preocupado, pero de pronto su cara se iluminó con una sonrisa: - Rosa, ¿no?, ¿cómo estás, niña?, ¡qué bien te veo! (los cubanos siempre te dicen esas cosas, divinos que son), ¿sigues en el ESTI?. Yo le respondí algo así: - Nooo, ¡que va! Logré safarme de aquello, ahora trabajo en Intermar, con menos prebendas pero mucho más tranquila. Pero cuéntame, ¿qué es de tu vida?

Realmente me resulta del todo imposible reproducir aquel diálogo emocionado, en el que mi mamá participó también entusiasmada y admirada de su valentía. Nos contó de las veces que lo habían llevado a Villa Marista, de los registros en su casa, de las humillaciones. Pero nos dijo que no se iba a callar, ni tampoco se iba a ir del país, que aguantaría lo que hiciera falta porque alguien tenía que hacerlo, que el mundo tenía que saber lo que era el infierno comunista. Estuvimos hablando casi dos horas, y nos despedimos expresándole nuestra admiración y cariño, y nuestra disculpa por no atrevernos a sumarnos. Mi madre le pidió que se cuidara mucho, y le prometió rogarle a Dios por su salud y seguridad. El nos despidió con abrazos y palabras de ánimo y consuelo.

No supe más de su vida, hasta que leyendo a Yoani me topé con sendos posts sobre él (que resultó ser su tío): Una silla vacía, y La obstinada silla vacía. Entonces seguí buscando información y vi que era uno de los 75 que había sido encarcelado en la primavera negra de marzo del 2003, de la que mientras estuve en Cuba - para no variar - no me enteré.

De esta biografía que encontré en una página denominada "payo libre", les copio y pego extractos relacionados con el momento de la decisión que lo llevó de la cómoda situación en que vivía - viajando por Cuba y por el mundo con todos los privilegios - a las terribles cárceles de la isla, donde aún permanece en precario estado de salud.

Con los años 90 la Isla de Cuba experimenta una crisis socio - económica sin precedentes. El discurso oficial del gobierno cubano no satisface sus expectativas, pues observa desde su posición de traductor que existe una enorme falta de correspondencia entre la versión que se le da al pueblo de la situación y la que él traduce para los altos dignatarios en los eventos internacionales.

Decir lo que piensa abiertamente, fuera del marco íntimo de sus familiares y amigos, se convierte en una necesidad imperiosa para él, aunque sabe que esto puede traerle pésimas consecuencias.

Tras advertir a su familia del paso que pensaba dar, expresó en una reunión en su centro de trabajo sus criterios. Dijo que no confiaba en la Dirección de la Revolución y en el manejo que estaban haciendo de la situación cubana. Las consecuencias eran previsibles. Fue separado de su centro de trabajo en muy poco tiempo. A partir de este momento se vincula activamente al movimiento disidente con el que ya tenía algunos vínculos.

Al acercarse cada vez más la Navidad y el nuevo año - que en nuestro caso coincide con la conmemoración de los 50 años de ignominia - inevitablemente pienso en Adolfo, Biscet y tantos otros cuyas sillas siguen vacías. Al celebrar estas fechas en libertad por quinto año, siento que no debo olvidarme de aquellos que están presos sólo por atreverse a decir lo que tantos callamos por tantos años. Reclamar su libertad es para mí una deuda de gratitud por su sacrificio y su valor.

Querido amigo, al que por cobardía no apoyé lo suficiente, deseo de todo corazón que ocupes pronto tu silla, que puedas expresarte libremente y disfrutar de esa Cuba que intentas ayudar a nacer. Por eso desde hoy cada domingo, además de pasar por El Imparcial Digital a manifestar mi solidaridad con las Damas de Blanco entre las que se encuentran tu esposa y tu hija, te dedicaré un recuerdo en el blog, que aunque lo dirija a ti porque te conozco - aunque no tanto como me habría gustado - es extensivo a todos los que siguen en las mazmorras inmundas de los tiranos impíos.

Para hacerse una idea de como son tratados estos presos políticos que el régimen niega tener, pueden ver esta noticia sobre el preso de conciencia Pablo Pacheco Ávila que se encuentra en estado crítico ahora mismo, gracias a los "buenos tratos" de esos fascistas.

10 comentarios:

Wesbri dijo...

Vaya mundo pequeño. trabajé en el ESTI desde 1975 al 1977 cuando me gradué en Filología (Escuela de Letras) Ese año me botaron por haberme negado a ir a pelear a Angola. Nunca he sabido nada más de aquella turba. Solamente recuerdo que el hermano de Fernandez Retamar trabajaba ahí.
Saludos.

Al Godar dijo...

Rosa,
El valor de sumarse a la disidencia y ayudar al caido en desgracia no es innato. Eso se aprende poco a poco.
Fuimos educados en el temor y es lógico que hayamos tenido miedo.
Saludos,
No te sientas mal por no haberlo ayudado en aquel momento. Ayuda ahora en lo que puedas.
Al Godar

Yoana dijo...

Hola Wesbri. Así que estuvimos en el mismo espacio, pero no en el mismo tiempo, vaya. Cuando yo entré ya no estaba el hermano de Retamar, al menos nunca loóí mencionar. Hiciste muy bien en negarte a ir a Angola, te libraste del horror.

Al, muchas gracias por tu aliento. Sabes, se que aún hoy si siguiera allá adentro seguiría callada, pero ya que estoy de este lado, pienso que vale la pena que haga uso de mi libertad para abogar por la de quienes la han perdido en el intento por liberarnos a todos. Un abrazo,

Rosa

Aguaya dijo...

Y lo conociste personalmente!!
Pienso lo mismo que Algodar. Yo allá vivía tan ajena a todo lo que pasaba realmente!
Un abrazo, desde Berlín,
AB

MARISELA dijo...

Hola Rosa: peor lo pasé yo, que estuve con los ojos vendados hasta los 90, siempre educada y rodeada por comunistas, siempre aleccionada, con mis amistades limitadas. Mira cuando cumplí lo 30 años y tiré el carné de la juventud en la mesa de mi compañero y amigo Migue, abrió los ojos como platos y me dijo:¿tú sabes lo que haces?. Yo solo puede hacer como los franceses: me encogí de hombros. Y les prohibí mencionarme para nada más vinculado a los órganos revolucionarios. Mis amigos de la infancia eran católicos y evangelistas y en la adolescencia casi que tuve que dejar de salir con ellos, porque si no, no me daban carrera. Y que digan que hay libertad!!!
Algunos hemos tardado en darnos cuenta de los errores y no errores (descalabros diría yo),pero ahora trato de apoyar a los que estan allí. Por eso me uno a tí y pasaré por El imparcial. Un beso.

Vana dijo...

Es muy triste que por tener ideas diferentes uno termine en un calabozo, como Fernandez Sainz hay muchos muriendo en los gulags de los Castros, es una verdadera pena que el mundo cierre los ojos y solo vean acerca de Cuba lo que quieren ver, Y los Castros se llenan la boca para decir que Cuba es el primer paiz verdaderamente libre, libre de que? lo que Cuba necesita es librarse de los Castros.

Diliviru dijo...

Sin Palabras... es indignante que esto este sucediendo en estas epocas. Gracias por seguir abriendo mas y mas ojos amiga.

Un abrazo sincero

Teresa Dovalpage dijo...

Cuando dices "para no variar no me enteré" pienso que a mí me pasaba lo mismo en Cuba. Vivía con la cabeza metida entre los libros como una forma de evasión. Pero lo importante es que al fin abrimos los ojos, no demasiado tarde por suerte. Yo también admiro un montón a quienes desde la isla hacían y hacen oposición sin temor a las consecuencias.

Yoana dijo...

Tessy, cierto que no indagaba mucho, pero también lo que quiero decir es que allá adentro uno no se entera de nada, si oyes algo no sabes si es cierto o solo una "bola", de modo que fuera sabes más que cuando estás allí, en medio de la baraúnda, porque la desinformación es total. Si a veces me enteraba de cosas porque nos lo comentaba mi cuñado desde Miami!

Eufrates del Valle dijo...

Excelente post. De alguna manera, mas tarde o mas temprano, a todos nos paso algo similar, un proceso lento y acumulativo, hasta que llega el dia que decimos: Basta! Logico: demasiada oscuridad hasta que logramos ver los primeros foquitos de luz.

Al hermano de Retamar lo conoci durante mi infancia, era amigo de mi familia. Recuerdo de nino cuando visitaba a mi mama, se sentaban en una terraza a conversar bajito y los ninos no podiamos interrumpir. Recordaban tiempos mejores.

Un dia mi mama me conto: "Si no hubiese sido por Manolo (si es a este hermano que te refieres) Roberto no hubiera podido publicar su primer libro en aquel momento. Fue gracias a la generosidad de Manolo, que le dio para el libro el dinero que se acababa de ganar con un ticket de loteria que compramos juntos en una noche de fiestas".

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