Los cubanos solemos decir que somos buena gente, pero ayer me topé – por suerte para mí – con una gente verdaderamente buena. Quería ir a la playa y me prometía un feliz día tomando el débil sol asturiano, más conveniente que el tropical para mi delicada piel (allí siempre me ponía roja como un camarón aun a la sombra), lamentando solo no poder bañarme pues para mí las aguas del Cantábrico están siempre demasiado frías. Salí con mi hija a tomar el tren de las 10, que en media hora nos lleva al anhelado destino – Gijón -cómodamente sentadas y frescas (¡que contraste con el viajecito de La Víbora hasta Guanabo!). Pero he aquí que la nena no había dormido bien y se levantó rezongando – pese a que la idea había partido de ella. Tras sacar los billetes de ida y vuelta – que ya cuestan casi el doble que el año pasado – nos sentamos en un banco a esperar los 5 minutos que faltaban para abordar el cómodo transporte. Cuando llegó se detuvo un poco lejos, de modo que nos levantamos y corrimos hacia el. Había muchos asientos, así que nos pusimos a escoger. Cuando por fin nos acomodamos, ya con el tren en marcha, la miro y al no ver el enorme bolso de playa le pregunto: ¿y las cosas? Desde que veo su expresión me doy cuenta: ¡dejaste el bolso! Nos bajamos en la parada siguiente y cogimos un tren que regresaba a Oviedo, de modo que en 5 minutos estábamos de vuelta, pero nada, el bolso había desaparecido. Fuimos a objetos perdidos, tampoco estaba. Entonces hicimos la denuncia, porque había perdido el carnet, las llaves, dos móviles y su tarjeta de banco. La amabilidad de los policías que además salieron a preguntar de nuevo si había aparecido algo fue ejemplar – ¡qué contraste con la vez que en Cuba denuncié el robo de mi balón de gas, y casi me acusan de “autorobo”!. Entre una cosa y otra nos pasamos el día tratando de resolver los problemas y minimizar los daños (llamadas para cancelar tarjeta de banco, bloquear móviles, fotos para nuevo DNI, nuevas llaves - pues afortunadamente en el carnet figuraba una dirección vieja – y otras tantas carreras). Ya habíamos regresado a la casa agotadas y apabulladas cuando recibimos una llamada de uno de los móviles – que afortunadamente no habíamos podido bloquear – un señor de Avilés, otra ciudad asturiana. Resulta que el hombre había visto el bolso, y como su tren había llegado y no le daba tiempo a ir a objetos perdidos se lo había llevado para devolverlo o entregarlo a la policía de su ciudad. Quedamos con él en la estación de Avilés y recibimos la gran alegría: allí estaba todo, intacto. Hoy hemos ido a retirar la denuncia y aunque nos perdimos la playa – ya está lloviendo otra vez - y mi hija se ganó los correspondientes regaños, no puedo menos que alabar la honradez y el desinterés de este ciudadano anónimo – no supimos siquiera su nombre, tenía prisa porque iba para su trabajo. ¿Creen que algún cubano – en el supuesto caso de que no hubiera la necesidad que hay en la isla – se tomaría tanto trabajo por una desconocida? De cualquier manera, aunque no logré mi cometido y pasé un mal rato, me alegro de haber tenido la suerte de constatar que hay gente buena en todas partes.
1 comentarios:
Ana, al fin paso con unos minutos para comentar este post que leí en su día...
Pues yo sí tuve suerte como tuviste tú, en Málaga (otro punto para Espan~a!) hace dos an~os. Cartera con TODO dentro, hasta los pasajes del avión que debíamos montar mi esposo, la nin~a y yo dos horas después para regresar a Berlín, pasaportes, tarjetas de crédito, el copón divino! Y la pude recuperar........
Existen ángeles, sí, existen.
No me atrevo a comentar qué hubiera pasado si se tratara de un cubano, incluso de otra ciudad espan~ola, otro centro comercial, no sé... Tampoco meto la mano en la candela.....
Saludos, AB
Publicar un comentario en la entrada