Esta es la mejor foto que pude tomar de la fachada principal, que es inmensa y verdaderamente espectacular.

En la plaza del Obradoiro, nombre debido al taller en el que trabajaban los obreros durante la construcción de los edificios que la rodean, nos encontramos estas "estatuas vivientes" de San Pedro y una "Bruja de la Suerte", curiosa combinación que me trae a la mente nuestro sincretismo caribeño, pues aquí se encomiendan a uno y a otro sin mucha distinción, por si acaso.


Al salir por otra puerta nos encontramos con este pórtico románico con detalles en mármol blanco.
En determinado momento la cámara dijo hasta aquí (no me acordé de recargarla la noche anterior - tras la Queimada de qué me iba a acordar?) así que me he dedicado a buscar fotos para complementar lo más interesante del viaje - pero no anoté todas las fuentes, así que las que aparecen a continuación, que ninguna es mía, que me perdonen los autores por no mencionarlos.

Lo que si hice fue entrar a la galería que hay justo debajo de la imagen del Santo donde se encuentra el sarcófago que se supone contiene sus restos.

Detras de la fachada principal que está en la primera foto está la fachada original conocida como Pórtico de la Gloria, una de cuyas composiciones pueden apreciar a continuación. En estos momentos está rodeada de andamios, en pleno proceso de restauración.
Mientras admirábamos el Pórtico románico la guía nos comentó que contra la costumbre de la época, en la que no se acostumbraba a dar a conocer el nombre del arquitecto encargado de la obra, el de esta dejó constancia y aún hoy puede leerse en uno de los arcos sus palabras (aproximadas, de memoria): "Soy el Maestro Mateo, trabajé en esta obra por 20 años". Además, el hombre dejó su propia estatua, de rodillas frente al altar, por la parte de atrás del Pórtico. Se le conoce también en Gallego como Santo dos Croques porque hasta hace muy poco los estudiantes universitarios iban allí y chocaban dos veces con su cabeza la del maestro, supongo que con la esperanza de que les trasmitiera su sabiduría. Eso, y la puesta de dedos en la base de la columna ha provocado tal deterioro que tras la restauración va a aquedar aislado por una urna de cristal, para que se pueda "mirar pero no tocar".









Paseo de San Lorenzo, bordeando la playa
Escaleras para bajar a la playa
Octavio Augusto, el emperador romano. A pocos metros de las Termas Romanas.

























